Nacho Bulian: lo contrataron para atender el teléfono en Radio Mitre y hoy brilla
- Nacho Bulian participa del pase entre Eduardo Feinmann y Marcelo Bonelli.
- Arrancó sirviéndole café a Magdalena Ruiz Guiñazú y hoy clona a 100 personajes.
- Su aventura del teléfono al micrófono.
Hay un micrófono de radio que no se queda quieto. Es el que Nacho Bulian tiene tatuado en el antebrazo izquierdo. Un tributo en la piel al elemento que le da de comer desde hace 20 años.
Un concurso por el Día de la Madre fue el destino que lo unió a Radio Mitre en 2006. En la emisora necesitaban que alguien anotara artesanalmente a los concursantes que llamaban, y a Bulian, que trabajaba como cadete en una empresa agropecuaria en Microcentro, lo contrataron por un mes.
Su buen desempeño lo llevó a un nuevo rol como asistente de producción del programa de Magdalena Ruiz Guiñazú, y de allí a una aventura impensada. De servir café, a las grandes ligas del humor.
Con más respeto que oficio, el adolescente Nacho le acercaba los diarios a la gran dama del periodismo, le servía el café o se ponía al hombro los llamados a algunos entrevistados. «Tenía un cagazo terrible, era muy pibe, cursaba el CBC de Comunicación en la UBA», recuerda ahora en un estudio de Mansilla 2668, mientras revolea a puro ademán el micrófono de tinta que decidió estamparse antes de obtener el carnet de locutor de ETER.
Cuesta creer que en ese porteño tímido de 39 años que brilla en el pase de Eduardo Feinmann y Marcelo Bonelli habitan cien personajes. La luz roja quiebra su sobriedad y en un instante puede contener el arsenal de gestos, la fonética y la prosodia de Javier Milei, Alberto Cormillot, Lilita Carrió, Laura Ubfal, Franco Colapinto y Guido Kaczka….
Quien sintoniza Mitre sin mirar, a la vieja usanza del oyente, se pierde un espectáculo aparte que ofrece el cuerpo de Nacho. En cambio, quien apela al video -o al streaming de YouTube Siga la joda, los jueves de 10.30 a 11 junto a Rolo Villar y Ariel Tarico- se hace un festín con ese desborde de muecas.
Nacho en los estudios de Mitre. (Foto: Emmanuel Fernández).
«Me para la policía y me pregunta: ¿Tiene los papeles de la moto? No, la compré sin envolver», lanza Rolo, y Nacho, tentado, siente que pagarían por estar donde le pagan. Ahora le toca a él y la imitación del doctor Cormillot involucra más que la tráquea y la respiración. Los ojos se le hacen hendijas cuando algo lo divierte, las cejas se le arquean como alas y de la boca aparece un enjambre de identidades ajenas.
«Me siento jugando con Messi y Maradona», admite ahora que integra ese trío de humoristas de la AM, al que escuchan diariamente más de 1,3 millones de oyentes únicos en el AMBA. Fue justamente Tarico el que impulsó de algún modo el cruce de Nacho de la producción al «aire«.
«Allá por 2007, Tarico era el humorista de Dady Brieva, y le propuso improvisadamente al aire presentarle a un amigo, Dody Biava. Así empecé, haciendo de Dody y de hijo de señora bien de Barrio Norte», recuerda.
«Era una época muy creativa. Época de Marcelo Zlotogwiazda, Carlos Ulanovsky, los hermanos Mesa, Ernesto Tenembaum», evoca Tarico, «empujador» artístico de quien ahora es su colega. «En 2004/2005 hacíamos la parodia de Los Fernández, con David Rotemberg. Quedó entonces el dato de que a las 10 de la mañana era el pico de audiencia. Entonces, en 2008 nos pidieron hacer un sketch puntual a las 10. Yo hacía a Flor de la Ve presentando a las 10.08 la parodia de El Dody. Y aparecía Nacho y cantábamos algo».
Una trayectoria de voces
Vive en Cañitas, se levanta a las siete, lleva a su hija Aurora al jardín y encara para Mansilla 2668 a bordo de un scooter rojo y blanco. En su tiempo libre anima fiestas empresariales, presta su voz a publicidades de televisión y cranea el contenido viral de TikTok e Instagram que explota cuando clona a Juan Román Riquelme o a Mercedes Pretty, alter ego de Mercedes Ninci.
Cuenta que luego de esas primeras apariciones gracias a Tarico, llegaron las vacaciones de verano, se fue de viaje con su amigo del colegio Francisco Pesky a Uruguay y explotó una dupla impensada. Subieron un video doméstico a Facebook con imitaciones, los directores artísticos de Mitre lo vieron y la convocatoria fue inevitable. Le propusieron hacer humor a dúo con su compañero en el programa de Tenembaum, que cambiaba de horario.
Bulian, la máquina de voces.(Foto: Emmanuel Fernández)
Para 2013, la dupla Bulian-Pesky fue tentada por Radio 10/FM Pop, y ante la oferta cambiaron de dial. En Mañanas campestres, el fenómeno de audiencia de Santiago del Moro en Pop, Bulian se lució con el personaje cumbiero de Trapito. El boom lo llevó a «volver a casa», cuando en 2016 Del Moro se mudó a La 100 y estrenó El Club del Moro.
-Tarico está muy involucrado con la caricatura política. ¿Lo tuyo apunta a otro lado?
-A mí no me gusta la política, pero sí, siendo humorista imitador, obviamente tengo que tocar todos los temas. No me caso con ningún partido, pero nos dan de comer mucho los políticos todo el tiempo. Adorni fue uno de los últimos que saqué, la coyuntura lo demandaba.
-¿Costó?
-No. Era un personaje re imitable, esa voz, todo eso de que habla lento y demás. De hecho, con Ariel terminamos haciendo «Los Adornis», los dos hermanos. Qué decirte, vengo a a laburar con una sonrisa todos los días. Pienso que estoy en uno de los momentos más lindos de mi carrera. A fin de año voy a hacer teatro, algo que venía posponiendo. Una cuenta pendiente. Llegué a laburar desde las 5 de la mañana hasta pasada la medianoche y nunca tenía tiempo.
–¿Cuánto puede demorar el proceso de sacar una voz?
-Depende, pero para darte el ejemplo: hace un par de años me escribieron que estaban haciendo un casting para imitar a Juan Martín Del Potro en una publicidad de yogurt. Le escribieron a 120 personas. Me llamaron un miércoles a las 14, me pidieron un audio de 30 segundos, y yo me fui a tomar una cerveza con amigos. Volví a casa tipo 17, me senté en el sillón, empecé a practicar, mandé lo que me parecía. Grabé dos años seguidos la publicidad con la voz de Delpo. Me dijeron que él había elegido mi voz entre todas.
-¿Hay una explicación metodológica de cómo «sacás» a un personaje?
-No, para mí nacés con un don y lo perfeccionás. No es que a los 40 años decís «hoy quiero imitar a tal» y te va a salir. Hay que tener oído. Obviamente no tengo el oído absoluto de Charly García, pero Naty, mi mujer, siempre me carga con que escucho cosas que nadie escucha. Lo que yo hago es mirar videos, grabarme y escuchar lo que grabé. Y empezar a pulir qué le falta a esa voz.

El trío del humor de Mitre, Villar, Tarico y Bulian
-¿Qué personaje te costó horrores lograr?
-Milei. No sé cuánto me llevó, y la verdad es que no me fascinaba imitarlo. Era muy difícil. De hecho, no me gusta hacerlo. Ariel (Tarico) lo hace fenomenal. Mejor dejarlo a él. Tal vez la primera vez te sale como un desastre, pero lo tenés que tirar al aire porque es el personaje que hay que imitar. Trabajamos con la actualidad. Ahora me pasa con Bielsa, por ejemplo, lo empecé a hacer porque había que hacerlo. Lo voy perfeccionando con el correr de los días. Muchas veces los humoristas nos tiramos a la pileta.
El bloqueo de Maradona
Nieto de un abogado que fue juez en La Plata y vicepresidente de Gimnasia y Esgrima de esa ciudad (Carlos Alfredo Altuve), Nacho tiene dos grandes anécdotas con Diego Maradona. La más feliz está ligada a Don Lito, ese abuelo que en 1984, a 15 días del anuncio de Diego Maradona al Napoli, llevó a Diego al Bosque «a cambio de un sandwich de milanesa».
«En la cancha de Argentinos Juniors, Lito frenó a Diego en la entrada y lo invitó a presenciar el partido que Gimnasia jugaba contra Tigre en la Primera B. ‘Quédese tranquilo, dígame la hora y ahí voy a estar‘, le prometió El Diez y cumplió. Mi abuelo le ‘pagó’ con sandwiches de milanesa que él pedía», se ríe Bulian, que tiene un lobo tatuado en el brazo y el escudo del club en la pierna.
En 2019, para cuando Maradona asumió como entrenador de esa institución, Bulian lo imitaba abusando del «ehhh» y la historia no tuvo el mejor final. «Subí algo a mis redes con el sistema deepfakes que te pone la cara de un personaje y Diego me bloqueó», se agarra la cabeza. «Bueno, seguro él no manejaba su cuenta. Igualmente me dio mucha bronca».

Los tres chiflados, un terceto poderoso, Bulian, Villar y Tarico.
Nacho nació el 25 de abril de 1987. Hijo de una docente y un comodoro de la fuerza aérea, estudió en el Colegio San Miguel y su primer gran personaje fue un profesor de Lengua y Literatura, de apellido Carreto, que un día entró al aula, lo pescó in fraganti en plena imitación y lo mandó a rendir a diciembre.
Algo de la ubicación de la casa de los Bulian, en la calle Arenales, parecía insinuar el camino de Nacho, o al menos anticipar un guiño: vivían a metros del antiguo edificio de Radio Rivadavia, y solían pasar por la puerta de Mitre, apenas a tres cuadras.
Criado a películas de Olmedo y Porcel junto a su hermano Arturo (hoy relator de fútbol), el que también se nutrió del humor de Benny Hill y Los 3 chiflados oficia de todoterreno: por las mañanas en el ciclo de Bonelli y por la tarde en Volviendo a casa (con Tato Young, de 18 a 19), exhibe una inmediatez creativa admirable. De Bielsa a Ibai Llanos y de Claudio María Domínguez a Tevez, entra y sale en milésimas, en un juego asombroso en el que calca respiración, tono y cadencia. El personaje estrella de las últimas semanas: Marchelo Blunelli, el Bonelli «blue».
Gracias a su personaje Trapito, el falsificador de voces llegó a grabar canciones en discos de Pablo Lescano y a presentarlo en el Luna Park. Hoy, automóviles de alta gama, plataformas de pago digital y productos para cicatrices y estrías llevan su voz en avisos de TV. El pluriempleo se completa con colaboraciones en locuciones en Otro día perdido (con Mario Pergolini, por El Trece) y con una participación en un programa de padel, los jueves, por DeporTV.
-¿Tuviste que jubilar algún personaje, por cansancio o por pedido?
-A la mayoría de los personajes muertos no los hago. Creo que solo he hecho algunas veces a Diego, pero me daba cosa…
-¿Cómo manejás el miedo al ridículo?
-Yo soy tímido por momentos, pero dame un micrófono, que voy a la guerra. Voy a estar haciendo gansadas todo el tiempo y no me importa. Me ha pasado con el personaje de Trapito hacer una fiesta de 15 y que la piba de 15 no supiera ni quién era. El padre estaba descostillado con los amigos. Pobre piba.
