miércoles, septiembre 23, 2026
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Julieta Venegas: nuevo proyecto

En su nuevo proyecto, que reúne el libro de memorias y el disco Norteña, la artista mexicana vuelve a Tijuana, a la frontera y a su historia familiar para explorar los territorios íntimos que alimentaron su música.

Un proyecto de doble forma y un mismo universo. En Norteña –título tanto de su primer y flamante libro de memorias como de su más reciente disco–, la compositora, cantante y multiinstrumentista mexicana Julieta Venegas suma ahora a su larga lista de oficios el de escritora y emprende un regreso a su Ítaca particular: Tijuana. Allí, la narrativa personal se cruza con las historias de frontera y de familia, con los recuerdos de infancia, las fotografías y las lecturas, con una niñez atravesada por la frontera entre dos países muy particulares –y dos lenguas– que, aunque se miran desde muy cerca, contienen mundos bastante menos vecinos de lo que podría suponerse.

Hay algo deliberadamente paciente en este regreso. Durante años, Venegas leyó, buscó archivos, revisó recuerdos y se dejó acompañar por la literatura de Baja California, esa región del noroeste mexicano, para reconstruir un territorio que abandonó físicamente hace mucho tiempo, pero que parece haber seguido viajando con ella. La norteña del título, dice, es ella. Y acaso allí se encuentre la pequeña gran clave del proyecto: después de haber recorrido el mundo, Julieta Venegas vuelve a mirar el sitio del que partió para averiguar cuánto de Tijuana continúa en sus canciones, en sus palabras –primero escribió de amor; muy luego, canciones– y, sobre todo, en su manera de recordar: «Los lugares te hacen crecer, cada uno de manera diferente», escribe en el libro publicado en la Argentina por Blatt & Ríos, presentado en la última edición de la Feria de Editores (FED) y en la Biblioteca Nacional.

Es él, se permite regresar a la infancia y a sus comienzos musicales: los karaokes, las reuniones familiares, el piano, aquella primera maestra que la marcó a fuego y, finalmente, el acordeón, elegido «por su tono festivo, aunque también por la melancolía que podía expresar». La narración se detiene justo antes de la aparición de Aquí, su primer disco, en 1997. Como si después de ese momento empezara otra historia, ya conocida, que el mundo se encargó de ampliar.La mexicana Julieta Venegas canta durante la presentación de su libro y álbum discográfico titulados 'Norteña', en Ciudad de México (México). EFE/ José Méndez

La mexicana Julieta Venegas canta durante la presentación de su libro y álbum discográfico titulados ‘Norteña’, en Ciudad de México (México). EFE/ José Méndez

Porque lo que vino después para esta tijuanense, hoy de 55 años, fue una trayectoria internacional en la que acumuló Grammys, Latin Grammys y otros reconocimientos, además de vender más de 30 millones de copias de sus álbumes en todo el mundo. Su presencia en la música latinoamericana terminó por convertirla en una de las artistas mexicanas de mayor relevancia internacional. Y, sin embargo, ahora que podría mirar desde cualquier parte del planeta, vuelve la mirada hacia el lugar donde empezó todo.

–Presentás un libro y un álbum concebidos en un mismo universo, en un momento en que este tipo de consumos parece ser más bien fragmentario. ¿Es una defensa del tiempo lento de la creación, de la lectura y de la escucha?

–Fue un proceso muy lento y me gustó mucho. Me tomó como tres años, pero lo imaginé mucho antes: hace como cinco años que lo estaba pensando. Fue muy importante descubrir ese proceso de imaginar y después hacer. En el proceso creativo, voy cada vez más tranquila, porque también ese proceso es parte de lo bonito para mí, no solamente terminarlo y sacarlo, sino hacerlo. En un momento, yo estaba tan inmersa en todo este planeta de mi familia, en mi memoria, en lo que sea, que era como vivir en una burbujita, porque también estuve leyendo mucho sobre Baja California y sobre autores de Tijuana, me metí geográficamente ahí.

–¿Por qué Norteña?

–Yo soy norteña, soy del norte de México. Crecí en Tijuana, en mi familia todo es fronterizo. Siempre lo pensé como norteña, yo soy la norteña en el disco, que ni siquiera es un disco cien por ciento de música norteña tradicional, sino que es un homenaje a esa música norteña. Tanto en el disco como en el libro, la norteña soy yo."Norteña. Memorias del comienzo", de Julieta Venegas (Blatt $ Ríos).«Norteña. Memorias del comienzo», de Julieta Venegas (Blatt $ Ríos).

–Norteña y fronteriza. Creciste en una geografía particular y en varios pasajes decís “me llevé la frontera conmigo”. ¿Cómo es vivir en ese territorio particular, en dos lugares a la vez, entre estos vecinos que a veces se quieren y a veces se odian?

–Es todo un tema, porque además tiene toda la cuestión política y social, y todo lo que significa una frontera. Pero yo crecí ahí. Crecí viendo la frontera, tengo también una relación emocional con Tijuana y con la frontera y con ser fronteriza. Eso se te forma, el hecho de vivir en países que se contrastan tanto como México y Estados Unidos. Creo, incluso, que es una frontera distinta a las fronteras entre países de Latinoamérica. Hasta la lengua es diferente. Creces en un contraste que se vuelve natural y cotidiano, porque yo sinceramente el inglés me resulta tan sencillo como el español, pero al mismo tiempo mi lengua emocional está en México y en mi casa. Toda la vida crecimos las noticias de México, pero la Ciudad de México nos quedaba muy lejos y estábamos más cerca de Estados Unidos. Era muy loco, el México glamuroso que imaginábamos en mi casa y luego salir y encontrarnos con este vecino especial.

–En el libro, decís que son como vecinos que no terminan de caerse bien y hablás de transculturación.

–Crecí culturalmente absorbiendo mucho de eso, viendo tele: no había internet todavía, y tampoco tenías acceso a los canales mexicanos; había un canal mexicano, que se veía horrible. Crecimos viendo tele gringa y luego ya nos la quitaron. Pero había una cosa con el inglés que era muy cotidiana. Supongo que creciendo más lejos lo imaginas como “wow”, porque muchos referentes vienen de ahí. Pero en Tijuana estaba ahí nomás, no era algo lejano.

–Tus canciones y ahora este libro siempre tuvieron una dimensión muy cotidiana. ¿Cómo es Tijuana, qué aspectos de la vida cotidiana siguen siendo invisibles para quienes no conocen la vida en la frontera más que por los titulares o prejuicios?

–Es que Tijuana es una ciudad… muy especial, no sé cómo describirla. Tijuana quizás no sea la misma que ve alguien que llega por primera vez. Es una ciudad muy generosa con los migrantes. Yo crecí viendo migrantes que iban y venían. Mucha población flotante. Es una ciudad que está todo el tiempo en constante cambio. Ahora, por ejemplo, hay una gran comunidad haitiana que llegó en 2020. Es una ciudad con mucho movimiento, cosmopolita, y es muy chistoso porque leyendo mucho sobre Baja California, veo que Tijuana era vista como frívola para atraer turistas. Y cuando fui a Ciudad de México, dije: “Wow, esto es otra cosa”, con toda esa historia, las pirámides, las catedrales, todo eso que en Tijuana no existe.

–Hablás de literatura bajacaliforniana y de su influencia para este proyecto. ¿Qué autores o libros te acompañaron durante la escritura de Norteña?

–Lo que me pasó es que me obsesioné; estuve dos años leyendo solamente autores de esa zona. Uno muy importante es un periodista, ya fallecido, que se llama Fernando Jordán, que era de la Ciudad de México, que se dedicó a escribir sobre Baja California. Era reportero de Instante, una revista de allá, y empezó a hacer reportajes en diferentes zonas del país. Mandaba crónicas de Chihuahua o de diferentes estados. Cuando fue a Baja California, se enamoró. Tiene un libro que se llama El otro México: biografía de Baja California. Es el título que más tuve presente para mi libro. Habla desde la época de la conquista en adelante. Es muy chistoso porque la que sale peor parada es Tijuana. Cuando habla de Tijuana, lo hace con mucha ironía, del habla medio pocho, como decimos allá, cuando hablas español e inglés. También está Luis Humberto Crosthwaite, un escritor de Tijuana que escribe mucha novela y él utiliza un lenguaje de barrio, pero de barrio fronterizo. Y luego una poeta de allá que se llama Rosina Conde y un ensayista que me gusta muchísimo, que se llama Heriberto Yépez, que es también poeta y novelista. Su lectura de la cultura tijuanense y fronteriza es muy buena. Un librero de allá me empezó a contactar con muchos libros. Porque lo que pasa también con la literatura de allá es que está editada de manera muy independiente o a instancias del gobierno y no se consigue por fuera de ahí. Libros de Jordán no hay. Es más fácil encontrar en línea el PDF del libro que encontrar el libro. Fue todo un proceso, más que nada porque yo estaba obsesionada con ubicarme geográficamente ahí. O sea, yo estaba viviendo en Buenos Aires y como que me hice mi burbujita de Baja California, Tijuana, todo frontera, todo estaba ubicado ahí.

–¿Pensás que este libro es una puerta de entrada a seguir escribiendo, por qué no, otros géneros o seguirás más dedicada a la música?

–Me gusta mucho escribir. Estructurar un libro no es fácil. Hay algo en este proceso de estos tres años de trabajo que me gustó mucho. No sé si voy a escribir otro libro, pero sí pensar todo un proyecto: que la música se conecte con las palabras, porque además tengo gran relación con las palabras.Julieta Venegas. Foto: Ariel Grinberg Julieta Venegas. Foto: Ariel Grinberg

–El disco también tiene mucho que ver con esto de los temas de Tijuana, la frontera, la línea.

–Me ubiqué geográficamente ahí. Muchas de las canciones van y vuelven sobre ese mismo lugar y sobre el territorio. Es un disco territorial. Lo necesitaba mucho, por la distancia, porque estaba extrañando mucho. Extraño mucho México y por eso regresé, ahora vivo en Ciudad de México, adonde llegué muy chica.

–Y donde, contás, empezaste tu vida “de adulta”.

–Porque me fui muy chica, a los 21, a Ciudad de México y estoy más cerca de Tijuana para ver a mi familia, que vive entre Tijuana y San Diego, que es el otro lado de la frontera. Hay un ida y vuelta entre esas dos ciudades.

–¿Cómo fue la selección de fotos?

–Fue revisar archivos y revisar álbumes, porque mis papás tienen miles y mi hermana gemela también. Mucha gente piensa que es un libro de carrera; no es de mi carrera. No me interesa tanto el tema de mi carrera como tal, sino la reflexión. Me interesa la reflexión del proceso creativo o cómo empecé a escribir; y un poco el libro es más de mi formación que de mi carrera. Me parece que a cualquier persona que busque un proceso creativo le puede interesar. Y también siento que escribir memoria es muy terapéutico. Me gustaría invitar a las personas a que escriban sus memorias, que escriban, que reflexionen sobre su vida, porque es algo muy bonito y muy enriquecedor. A mí me ha reconciliado con muchas de mis elecciones, como mujer, como mexicana, con mi familia; yo contradije a mi familia cuando me fui a Ciudad de México y me dediqué a la música. Creo que eso, en el fondo, siempre fue como una piedrita en el zapato. Escribir este libro fue una manera de sanar muchas cosas y muchas inquietudes mías, de mis elecciones en mi vida. Como decir, bueno, por algo pasan las cosas, por algo fue este camino.

Fuente: https://www.clarin.com/revista-n/julieta-venegas-tijuana-fronteriza-corazon_0_imrIWDXxDG.html

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