“Enseñar no es solo una actividad intelectual, es profundamente emocional»
- Es autora de una nueva investigación publicada por la American Psychological Association sobre el bienestar emocional en las aulas.
- Cuál es el mecanismo psicológico que resultó idéntico en todos los países analizados.
Un nuevo estudio sobre educación, publicado por la American Psychological Association (Asociación Americana de Psicología) analizó los datos proporcionados por 679 profesores de matemáticas y 17.500 estudiantes en ocho países: Chile, China, Colombia, Alemania, Japón, México, España y el Reino Unido.
La psicóloga alemana Marina Elena Pfeifer, autora principal de la investigación, indicó que hicieron un seguimiento completo del proceso educativo y detectaron una conexión entre los estados de ánimo de los docentes y el rendimiento de los alumnos.
«Decidimos llevar a cabo esta investigación porque queríamos comprender toda la cadena de acontecimientos que conecta cómo se siente un profesor con el rendimiento de un alumno», explicó la Dra. Pfeifer.
«Enseñar no es solo una actividad intelectual, es una actividad profundamente emocional; nuestro estudio demuestra que las emociones de los maestros no son un simple efecto secundario del proceso educativo, sino que son un motor activo«, aseguró.
La alegría enciende el aprendizaje de los alumnos y la ira lo apaga
En junio de 2026 el estudio fue destacado en la revista Journal of Educational Psychology, bajo el siguiente título: «Vincular las emociones de los docentes, los indicadores de calidad de la enseñanza y los resultados de los estudiantes en matemáticas: resultados del estudio Global Teaching InSights de la OCDE«.
Para establecer parámetros unificadores, todos los estudiantes cursaron la misma lección de matemáticas, lo que le permitió a los investigadores comparar de forma equitativa las aulas de diferentes países.
Las emociones en las aulas, objeto de estudio de la psicología. Foto ilustrativa: Archivo Clarín.
Los especialistas se centraron en tres aspectos clave de la calidad de la enseñanza: la gestión del aula, las relaciones de apoyo entre profesor y alumno y la activación cognitiva, que implica animar a los alumnos a pensar de forma crítica.
Los profesores informaron sobre sus niveles de satisfacción y enfado, mientras que los alumnos evaluaron la calidad de la enseñanza de sus profesores, manifestaron su confianza e interés en la materia y realizaron una prueba de rendimiento.
Los investigadores notaron que cuando los profesores disfrutan de su trabajo, imparten una enseñanza de mayor calidad que aumenta la confianza de los alumnos en sus capacidades, su interés y su rendimiento académico, mientras que el enojo del profesor se relacionó directamente con una peor enseñanza y peores resultados para los alumnos.
«Nuestra hipótesis era que las emociones del profesor actúan como un efecto dominó en el aula, influyendo indirectamente en los resultados de los alumnos a través de la calidad de su enseñanza», señaló Pfeifer.
Los resultados respaldaron esa hipótesis. Los docentes que manifestaron mayor satisfacción laboral fueron más propensos a gestionar las aulas con eficacia, establecer relaciones de apoyo con los estudiantes y utilizar estrategias de enseñanza cognitivamente estimulantes.
Estas prácticas docentes, a su vez, se asociaron con un mayor interés por el aprendizaje en los alumnos y un mejor rendimiento en las pruebas.
La motivación y las frustraciones de alumnos y docentes también se analizó. Foto: Mississippi First
La gran sorpresa de la investigación recayó en su aplicación universal: a pesar de las profundas disparidades económicas, lingüísticas y culturales, el mecanismo psicológico resultó idéntico en todos los países analizados: la alegría enciende el aprendizaje y la ira lo apaga.
«Había teoría y estudios previos a menor escala que habían sugerido que las emociones de los docentes influyen en la enseñanza y el aprendizaje, pero lo que resultó especialmente llamativo fue que estos hallazgos pudieran demostrarse ahora a gran escala, con una muestra de docentes muy diversa culturalmente«, afirmó Pfeifer.
«Lo más fascinante para mí fue la similitud intercultural de nuestros hallazgos. Los mecanismos mediante los cuales las emociones de un docente influyen en la calidad de la enseñanza y los resultados de los estudiantes se mantuvieron notablemente similares en todo el mundo», insistió Pfeifer.
Los ciclos emocionales en las aulas: ¿viciosos o virtuosos?
Los resultados destacan la importancia de apoyar el bienestar emocional de los docentes como parte de la mejora de los sistemas educativos. «La principal implicación práctica es que incentivar el bienestar emocional del profesor no es algo deseable, sino fundamental para el éxito del alumnado«, recomendó la autora.
Los docentes con bienestar emocional tuvieron alumnos con mejor rendimiento. Foto: ilustración Shutterstock.
«Las autoridades educativas y los representantes políticos deberían priorizar la reducción del estrés docente y proporcionar herramientas como intervenciones basadas en la atención plena para ayudar a los educadores a regular sus emociones», agregó la psicóloga.
En los testimonios los propios docentes indicaron que a veces se sienten atrapados en poderosos ciclos emocionales y conductuales que se retroalimentan.
«Un docente enojado puede tener dificultades para gestionar la clase eficazmente, lo que conlleva a un bajo rendimiento estudiantil y a su vez vez genera aún más frustración e insatisfacción en el docente: un círculo vicioso», detalló Pfeifer.
«Por el contrario, un docente alegre crea un círculo virtuoso en el que la enseñanza eficaz conduce al éxito estudiantil, lo que hace que el docente se sienta aún más feliz y orgulloso de su trabajo», manifestó.
Estos hallazgos están emparentados con el contexto actual, marcado por el síndrome de burnout, también conocido como el «síndrome del trabajador quemado«, un fenómeno de agotamiento físico, mental y emocional causado por el estrés laboral crónico.
La Organización Mundial de la Salud (World Health Organization en inglés) lo reconoce como un fenómeno ocupacional que se caracteriza por la pérdida de energía, desmotivación y menor eficacia profesional.
«Entre salarios inadecuados y clases cada vez más complejas, cuidar la salud mental y el equilibrio psicológico del cuerpo docente no es solo una cuestión de bienestar individual, sino una inversión directa en el rendimiento de las nuevas generaciones», sostuvo Pfeifer.
Los científicos hicieron un llamamiento a directivos y legisladores. «Es urgente introducir en las escuelas programas estructurados para la reducción del estrés, itinerarios de apoyo psicológico y técnicas de regulación emocional», recomendaron en el tramo final de la investigación.
«La calidad de la escuela del futuro no se medirá solo por la digitalización o la vanguardia de las infraestructuras, sino por la capacidad de proteger el entusiasmo de quienes, cada mañana, tienen la tarea de encender la mente de nuestros hijos«, concluyeron.
