martes, septiembre 29, 2026
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Las historias que el streaming convirtió en thriller

De ETA y las Brigadas Rojas al IRA, el Mossad y los atentados del 11-S y el 11-M, películas, series y documentales reconstruyen décadas de violencia política, clandestinidad, inteligencia y conflictos que todavía resuenan.
“Conmigo se ha hecho una especie de trofeo. Yo soy una persona normal, como cualquier otra, con convicciones políticas, sociales y culturales”. Serio, con las manos en el mentón, algo nervioso, pero sin pelos en la lengua, el ex líder de la ETA, Josu Ternera, hace un repaso con el periodista Jordi Évole de los atentados emblemáticos de la organización terrorista vasca, que existió entre 1960 y 2018, cuando se disolvió definitivamente siendo un caso único en Europa. Se cree que la organización asesinó a 852 personas y causó 2.661 heridos. Ternera está en libertad condicional en Francia, pendiente de extradición a España. “166 presos de ETA siguen cumpliendo condena”, reza un cartel en el documental No me llame Ternera (Netflix), una entrevista cara a cara donde el ex jefe se diferencia de los atentados yihadistas, “al no compartir sus métodos”, dice que “matar es fácil, pero no un placer”, se disculpa por asesinatos que “podrían haberse evitado” y expande una radiografía de pensamientos, estrategias y autocríticas reveladoras.

Los filmes sobre la ETA ocupan un rincón privilegiado en las plataformas dentro de la batea “terrorismo”, que en una simple acepción se refiere a las organizaciones terroristas que operaron –y todavía, en algunos casos, continúan haciéndolo– en la esfera pública y civil, aunque en un amplio concepto incluye al terrorismo estatal, con las notables diferencias entre una cosa y otra, baste un ejemplo el descomunal aparato de la dictadura cívico militar argentina en comparación con las estructuras y fines de la guerrilla armada de los 70, cuyas historias siguen saliendo a la luz como Gordon (Netflix), nueva serie de Pablo Trapero con protagónico de Rodrigo de la Serna, adaptación de los libros de Marcelo Larraquy.

Para una historia de la ETA se puede complementar con El desafío: ETA (Prime), docuserie que rastrea los comienzos en un grupo de estudiantes en Bilbao. “Surgió como algo necesario, el pueblo vasco estaba masacrado y recibiendo duros reveses”, dice un ex integrante que recuerda la mezcla de nacionalismo, la violencia armada como transformación política, el Che Guevara y las familias republicanas con ánimo revanchista. Luego entran en escena la Guardia Civil, con la ETA convertida en el principal enemigo del Estado, los ritos de fuego, los mártires y la escalada de terror, las cárceles y el aparato represivo que se engorda exponencialmente.

Todo un abanico que atraviesa, entre otros, a la miniserie Patria (HBO), basada en la novela de Fernando Aramburu y que contrapone dos familias entre víctimas y victimarios y donde alguien dice “es el conflicto, lo sufrimos todo” sintetizando cómo lo vivía epidérmicamente la sociedad, las ficciones La frontera y Maixabel (Prime), y la reciente Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo (Netflix), con la reconstrucción de un caso que sacó a la población española a la calle con símbolos como las manos arriba diciendo “Yo soy Miguel Ángel” o cánticos como “ETA, acá tienes mi nuca”."Teherán" (AppleTV+).«Teherán» (AppleTV+).

Otra organización europea de aquella época, como las Brigadas Rojas, surca algunos filmes del italiano Marco Bellocchio, como la serie Exterior noche (Europa Europa), suerte de complemento de su largometraje Buenos días, noche (MUBI), a los que se suman la serie La mejor juventud (MUBI), de Marco Tullio Giordana, y El falsario (Netflix), de Stefano Lodovichi, con hitos como el secuestro y asesinato de Aldo Moro, el devenir opaco del Partido Comunista y el avance del narcotráfico a gran escala –que a diestra y siniestra pueblan las plataformas en todos los idiomas, de Pablo Escobar y el Chapo Guzmán a los narcos rusos, árabes y la camorra y la Cosa Nostra italianas–.

Como se refleja en el libro Montoneros, de María O’Donnell, entre los 60 y los 80 hay un contexto global de alta politización, clandestinidad y botines de guerra, feroz represión, topos e inteligencia cruzada, momentos cumbres y de auge, y un repliegue hacia la extinción que toca de cerca a otras agrupaciones armadas de Latinoamérica como la FARC colombiana y filmes como Colombia fue nuestra (Prime) o el Sendero Luminoso peruano en La hora final (Netflix) o la película La piel más temida, reconocida en festivales."Colombia fue nuestra" (Prime).«Colombia fue nuestra» (Prime).

Infiltrados

“Estoy a 8000 km de mis contactos. No puedo recolectar información desde un escritorio”, larga la legendaria agente de la CIA entrenada para la lucha antiterrorista, Carrie Mathison, en un diálogo de apertura en Homeland (Netflix), clásico del género como 24 o The Americans (Disney+). Todos son sospechosos: hasta el carnicero de la esquina o un político del bando contrario pueden pasar información, con inocentes que también padecen en el camino, y dobles y agentes infiltrados como en la precursora serie Oficina de infiltrados y en Teherán (Apple TV+), con mujeres protagonistas, hackers, aeropuertos, unidades de inteligencia, interrogatorios y llamadas telefónicas por doquier, códigos cifrados y sistemas imposibles de vulnerar que buscar ser vulnerados.

“Debemos prepararnos para lo peor”, le dice un agente a otro, cuando el peligro acecha y la traición destapa algo inesperado entre misiones del Mossad, Irán, mega desarrollos nucleares, rebeldes y células terroristas del Golfo Pérsico, y no casualmente participa como creador Moshe Zonder, parte del equipo de guionistas de Fauda (Netflix).

“Tarde o temprano, muchos se terminan quebrando”, larga otro jefe en Teherán, que dialoga directamente con La chica del tambor (HBO), adaptación de una novela de John le Carré y con dirección de Park Chan-wook, en tanto trama de espionajes, thriller psicológico, dobles identidades, geopolítica europea y árabe – tema que, por sí solo, puebla el streaming con decenas de filmes sobre los atentados a Londres, Francia, el 11-S, el 11-M o Al-Qaeda–, operaciones a gran escala y suspenso como ocurre en No digas nada (Disney+), miniserie basada en la novela de Patrick Radden Keefe y también ambientada en los 70, en este caso con el IRA irlandés en foco –que anunció el cese de la lucha armada en tiempos cercanos a la ETA–, católicos y protestantes, con hermanas terroristas, secuestros, amores, atentados y un conflicto civil e internacional proyectado hacia Reino Unido."No digas nada" (Disney+).

«No digas nada» (Disney+).

La política y sus laberintos surgen también en el contexto de thrillers dramáticos, comedias negras y bajo el influjo de terroristas colectivos o individuales alrededor de misterios, códigos y una época indescifrable en la era de la posverdad y de tiempos altamente perturbadores como en los relatos de The Agency (Paramount+), El Chacal (Disney+), Slow Horses (Apple TV), The Old Man (Disney+), Mary & Mike (HBO) –que, en la fascinante y tétrica historia de la escritora Mariana Callejas, agente de Pinochet escondida en las letras, se cuelan los 70 chilenos y el nexo entre violencia, cultura y horror– y la flamante Bomba en el Pan Am 103 (Netflix), uno de los más enigmáticos atentados terroristas, con huellas del histórico conflicto árabe como la notable Septiembre 5, película que cuenta el secuestro de once atletas israelíes durante los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972.

Teorías conspirativas y más

El terrorismo y la relación con magnates tecnológicos, derechos civiles arrasados, sociedades turbulentas del odio y la intolerancia, teorías conspirativas, realidades paralelas y operaciones encubiertas y rimbombantes, con unidades de elite que persiguen a los considerados “terroristas” como enemigo manifiesto entre la ley, la trama, el bien y el mal, la tradición y el fanatismo, el rol de las religiones, la mezcla de culturas e idiomas, los estereotipos estigmatizantes y los límites del Estado de Derecho bajo democracias amenazadas. “Perdón, no tuve elección”, le dice un aliado a Tamara, la protagonista de Teherán, pero ella responde “siempre hay elección”, lo que lleva a dimensionar experiencias extremas como el testimonio de Tania Joya en La primera dama del Isis (HBO) y Califato (Netflix), narrada desde un punto de vista occidental y no exenta de clichés en la representación.

“Primero, las pruebas. Las teorías para después”, clama un detective en la zona del desastre en Bomba en el Pan Am 103. Propaganda y terror, versiones oficiales en jaque y territorios sacudidos y sin paz, con las organizaciones terroristas que buscan emparentarse con el pueblo oprimido frente al poder opresor, aunque después justifiquen el asesinato de civiles.

Dominación y resistencia, guerras y tecnologías, distopías y políticas de lo real, patriotismos y migraciones, nacionalidades en tensión y en la nueva era de la radicalización que no esconde la desigualdad social, algoritmos, frenesí individualista y el auge de movimientos de extrema derecha y neonazis –como lo refleja la serie documental multimedia La ola ultra, de El País y Cadena Ser–, ciertos actos terroristas parecen surgir de lobos solitarios como el joven ingeniero Luigi Mangione, quien se convirtió en eco de insurrección de miles de personas que lo reivindicaron como héroe luego de que asesinara a quemarropa al gerente de un gigante corporativo de la salud, tal lo perfila el documental ¿Quién es Luigi Mangione? (HBO).

Fuente: https://www.clarin.com/revista-n/terrorismo-politico-espionaje-historias-streaming-convirtio-thriller_0_v0w7asIBZy.html

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