La obra de Adrián Villar Rojas: un reflejo del antropoceno y la cultura material
- El trabajo de Villar Rojas explora la relación entre cultura y naturaleza, convirtiendo el entorno en protagonista y cuestionando nuestra percepción de inteligencia.
- El artista crea experiencias humanas y territoriales únicas, utilizando materiales inesperados.
Adrián Villar Rojas (Rosario, 1980) es un artista a veces caracterizado como nómada cuya práctica redefine la escultura contemporánea a través de una escala monumental y una filosofía de lo efímero. Ha combinado dibujo, música e instalación con un método radicalmente site-specific: Villar Rojas se traslada junto a su equipo a los territorios de intervención, convive meses con el entorno social y geográfico para gestar proyectos que son, ante todo, experiencias humanas y territoriales.
“Mi familia muerta”, de Adrián Villar Rojas, la imponente ballena emplazada en el Bosque Yatana de Ushuaia, durante la Bienal del Fin del Mundo de 2009, que más tarde expuso al pie de una montaña en la provincia de San Juan. Foto: Carla Barbero.
Su lenguaje visual se caracteriza por el uso de materiales inestables –arcilla cruda, cemento, materia orgánica y residuos– que aluden al Antropoceno y a un imaginario del fin del mundo. Al emplear elementos que se agrietan, pudren o transforman, sus piezas están condenadas a la desaparición. Esta fragilidad intrínseca desafía las lógicas del mercado del arte, ya que la obra no puede ser preservada, transportada ni comercializada de forma tradicional; lo que queda es el “residuo precario” de una vivencia temporal.
Reconocido internacionalmente, representó a la Argentina en la 54ª Bienal de Venecia (2011), donde obtuvo el Benesse Prize. Su trayectoria incluye distinciones como el Sharjah Biennial Prize (2015) y el Zurich Art Prize (2013). Villar Rojas no solo construye objetos, sino ecosistemas que cuestionan la finitud de la cultura material y nuestra huella en el planeta, consolidándose como una de las voces más disruptivas del arte global actual.
Adrián Villar Rojas en el Centro Cultural Recoleta. Foto: Martín Bonetto
En el libro Momentum. Arte y ecología en la América Latina contemporánea (Caja negra), la ensayista Graciela Speranza participa con un artículo esclarecedor acerca del papel del arte que interviene y activa la naturaleza ya no como telón de fondo sino como territorio que habitamos y nos habita. Allí, Speranza destaca muy especialmente el papel de Villar Rojas. “Formas innovadoras de reconstrucción y metamorfosis animan la obra del argentino Adrián Villar Rojas, que ya en una de sus primeras instalaciones –efímera, desmedida y, como casi todas las que vendrían, inenarrable– confunde deliberadamente naturaleza y cultura y recompone el mundo en un plano”.
Hubo una presentación de ese libro en el Centro Cultural Recoleta del que participaron: Lisa Blackmore, María del Carmen Carrión, Inés Katzenstein, editoras del libro. Graciela Speranza,autora de uno de los artículos del libro y el artista Adrián Villar Rojas, también participaron los curadores del CCR Javier Villa, y Carla Barbero. Antes del evento, hablamos con los protagonistas del libro. Entre ellos Villar Rojas, quien expresó lo siguiente, la “Naturaleza es una palabra tan problemática como rica e intensa. Simbolizar y poder externalizar el humano de ese entorno natural lo habilita a poder apropiarse de esa otredad. Y dentro de la naturaleza no entra solamente lo vegetal o lo no humano, está también –llámese con muchas comillas– lo animal, sino que también entran las mujeres y unas personas de color. La naturaleza es un concepto habilitador y una palabra muy rica y problemática, con la cual tenemos que tener mucho cuidado. No es para tirarla a la basura, es una palabra para tenerla justamente entrecomillada, mirándola con mucha atención, usándola con mucho respeto”.
Villar Rojas realizó instalaciones escultóricas con tono de cómic y ciencia ficción en ciudades como Estocolmo, Kassel, París, Venecia, Londres. /Gentileza
–Hay una tensión que fue creciendo en las últimas décadas en la convivencia de la naturaleza con todo tipo de tecnologías.
–Dentro de nuestras coordenadas vemos lo peor y lo mejor de la especie sin parar. Creo que los últimos tres años más que nunca. Entonces creo que esta forma de vincularnos con el afuera está generando también niveles de separación de una velocidad e intensidad que seguramente, probablemente nadie puede decir qué pasará de acá a cinco años. ¡Y qué rápido cambió todo desde la pandemia hasta hoy! Lo digo en relación a nuestra vinculación con la “tecnología”, porque la palabra naturaleza es también tecnología. Tecnología cultural, la separación es interesante.
Villar Rojas expuso esta obra en la Fundación Louis Voitton at Fondation Louis Vuitton. Foto: Jörg Baumann
–¿Pensás que hoy existe una producción de conocimiento que acompañe todo lo que está pasando? ¿Qué hacen las universidades, el mundo del arte? Y también cómo fuis vos abriendote a una cosmovisión cada vez mayor…
–Hacia los años 2003, 2004, me empezó a surgir una cierta ansiedad como un momento de final, de la posibilidad de imaginar desde las herramientas heredadas de lo que yo entendía como arte contemporáneo. Podría identificarlas con una suerte de lógica post-duchampiana extractivista, donde el arte contemporáneo se vuelve una suerte de virus que puede reclamar cualquier tipo de experiencia y material en el planeta hacia la interioridad de ese campo arte. Es una suerte de final que sentía y encontraba a un nivel muy intuitivo. Y la única respuesta que yo encontraba en ese momento, tenía 23, 24 años, era salirme de esa línea temporal y desplazarme a tiempos no humanos. Al no sentir que había un lugar hacia donde ir, porque lo único que quedaba era seguir repitiendo todas las posibilidades de varios libros ya escritos. Vamos a seguir con esa lógica de realidad material y la realidad existencial humana. La única solución esa cuestión de encuentro es salir hacia un tiempo no humano, sea a un futuro posible o a un tiempo profundo, a un tiempo previo a la humanidad. Y en esa búsqueda de lo no humano empiezan a aparecer estas cuestiones de lo natural,
–Hace tiempo que se viene escuchando y aplicando una palabra, que es reparación. Y quería preguntarte si la utilizás, si te sirve, si es un concepto que propone una salida a algunas de las crisis que estamos atravesando.
–Creo que es también un proceso totalmente de integración. Si hay un proceso de reparación cuando hablamos de esta apelación a lo no humano o a la naturaleza, en realidad también hablamos del fin de la imaginación, creo que también empezamos a hablar de que ojalá entendamos como seres que nos atribuimos la potestad de ser los únicos seres inteligentes en el planeta, la posibilidad de entender que hay otras producciones de cultura y hay otras producciones de inteligencia. Y no solo entre humanos, sino también entre lo que llamaríamos el reino animal o el reino vegetal, la inteligencia. Creo que es un gran momento para realmente poner en crisis nuestra idea de inteligencia como un fenómeno humano.
–¿La Inteligencia aparece como solución o como problema?
–Y volvemos a las inteligencias artificiales o los procesos maquínicos de producción de sentido. Estamos a años y hoy contemporáneamente conviviendo con otras formas de inteligencia sintética, Claro pero desde siempre convivimos con otras formas de inteligencias no humanas. Y cuando hablamos de cultura y naturaleza es un binomio muy complejo porque en realidad todo lo no inteligente se vuelve naturaleza para una centralidad inteligente. Entonces, la planta no es inteligente, pero puedo decidir por esa planta, pero también en algún momento de la historia de esta humanidad, la mujer también tenía ese lugar y las personas de color tenían ese lugar. Vuelven otredades que pueden ser apropiadas y por las cuales se puede decidir.
Villar Rojas posa tras su obra «Mi abuelo Muerto» el 11 de marzo de 2010 en la Academia de las Artes de Berlín, Alemania. Foto: EFE/RAINER JENSEN
–¿Entonces, es posible reparar?
–Creo que siempre estamos ante la situación a reparar. Como algo más grande y poder amigarnos con esta idea de que no es algo exclusivo nuestro. A mí me fascina pensar que, por ejemplo, estudios contemporáneos sobre la vida cognitiva de los neandertales nos dicen que quizás antes que el Homo sapiens el neandertal estaba en procesos simbólicos y quizás a partir de la interacción entre Homo sapiens, o sea nuestros directos antecesores, y los neandertales, nosotros, adquirimos ciertas herramientas de producción de símbolo, rituales, arte, lenguaje. Entonces, quizás inclusive esto que llamamos inteligencia es un regalo de otra forma de ser humano. Qué problemático es que vivimos encerrados en un planeta donde tendencialmente la única forma de ser humano es esta… Pero hace 30.000 años convivían neandertales, denisovanos y sapiens y todos son, dentro de la especie humana, la pluralidad de la que estamos hablando.
