Adiós a Miguel Ángel Muñoz, maestro de la historia del arte en la Argentina
- La Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes rindió homenaje a Miguel Ángel Muñoz, uno de los docentes más queridos y respetados.
- Durante casi tres décadas compartió sus conocimientos en cursos que se volvieron una referencia para quienes buscaban formarse en historia del arte.
- Su legado continuará a través de una nueva beca destinada a ampliar el acceso a la educación artística.
Cuántas veces me preguntaron donde estudiar historia del arte, sin el rigor de los exámenes ni el agobio de trabajos prácticos de una universidad. Cuantas veces respondí que los cursos de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes eran los mejores. De todo el cuerpo docente, Miguel Ángel Muñoz era el patriarca, casi 30 años compartiendo generosamente su erudición en todas las áreas del arte.
Miguel Ángel Muñoz, licenciado en Historia del Arte, por la Universidad de Buenos Aires, donde ocupó cargos docentes y directivos, también trabajó en la Universidad del Salvador y otras instituciones prestigiosas. Foto: redes sociales.
Tenía 78 años y murió trabajando, enseñando, hasta sus últimos días. Miguel era licenciado en Historia del Arte, por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde ocupó cargos docentes y directivos, también trabajó en la Universidad del Salvador y otras instituciones prestigiosas.
Pocos días atrás Julio Crivelli, presidente de la Asociación Amigos, y sus directivos, le hicieron un homenaje público y anunciaron el lanzamiento de la Beca Miguel Ángel Muñoz, “como expresión concreta de los valores que él encarnó: la convicción de que el arte y su historia deben ser patrimonio de todos, no de unos pocos”.
Consiste en tres becas integrales que cubren el costo total de un ciclo completo de cursos presenciales a elección, dentro de la oferta vigente en la sede de la Asociación; una será destinada a personas de hasta 38 años de edad que deseen iniciarse en el estudio de la historia del arte, otra dirigida a adultos mayores y una tercera pensada para personas que ejercen una profesión u oficio y que desean incorporar la historia del arte como parte de su desarrollo profesional.

La Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes rindió homenaje a Miguel Ángel Muñoz, uno de los docentes más queridos y respetados. Foto: gentileza.
Autoridades, colegas, amigos y alumnos
La coordinadora de cursos, Susana Smulevici ofició de maestra de ceremonias del homenaje y por el estrado del auditorio pasaron a dejar sus testimonios, autoridades, colegas, amigos y alumnos.
Marcela Gené, Andrea Giunta, Diana Weschler y otras académicas recordaron su paso por el CAIA, Centro Argentino de Investigadores de Arte, y su pasión por los Artistas del Pueblo, o Grupo de los cinco, un conjunto de pintores y grabadores que a principios del siglo XX integraron José Arato, Adolfo Bellocq, Guillermo Facio Hebequer, Agustín Riganelli y Abraham Vigo, y que Miguel tuvo oportunidad de difundir en una gran muestra en la Fundación OSDE en 2008.
Desde Uruguay, Laura Malosetti Costa, actual directora del Museo de Artes Decorativas de Montevideo, mandó un texto resaltando que “fue maestro y fue socialista, siempre –en tiempos propicios y también en los difíciles– llevaba su pequeña insignia escondida detrás de la solapa.
Difícilmente se pueda encontrar quien haya aunado pasión y erudición como lo hacía Miguel en sus disertaciones. Llegaba una hora antes, por responsabilidad y cuestiones de motricidad disminuida, seleccionaba música adecuada al tema que iba a desarrollar mientras esperaba el ingreso del público, y comenzaba la clase con puntualidad suiza.
Podía referirse a cualquier período, artista, o tema y todo era dicho con claridad supina, había tanto cuidado en la información como en la expresión oral, incluyendo una muletilla característica y frecuente: “obvio” u “obviamente” que pronunciaba alargando la “o” y cargando explosivamente la “b”.
Confieso, sin miedo ni alarde, que hace más de 35 años doy clases de historia del arte en universidades y asistí a varias de las de Miguel, para aprender y como espía, escuchaba sus clases para mejorar y corregir las mías, sea con datos raros y curiosos, o recursos didácticos. Todos aprendíamos, profanos y profesionales.
Recuerdo hasta hoy su teoría de porqué nos gusta almorzar o cenar mirando televisión, según Miguel era un remedo o recuerdo infantil de cómo el bebé toma la teta mirando los ojos a su madre.
Miguel Ángel Muñoz, licenciado en Historia del Arte, por la Universidad de Buenos Aires, donde ocupó cargos docentes y directivos, también trabajó en la Universidad del Salvador y otras instituciones prestigiosas. Foto: redes sociales.
En representación de los cientos, miles de alumnos que se encandilaron con la fosforescencia de sus palabras, Alejandro Ramos, un economista costarricense, rescató anécdotas, frases, y cómo las clases le motivaron a viajar y a disfrutar de los museos desde otra perspectiva.
Sucesor de la pasión y sabiduría
No exento de emoción, pero sobre todo con muy buena disposición y humor, Santiago Erausquin, antes alumno, hoy docente que se perfila como sucesor de la pasión y sabiduría e Miguel, contó con su habitual histrionismo, las complicidades internas que había entre ambos docentes cuando se alternaban los escritorios para dar clases.
Smulevici cerró el acto de la misma manera que Miguel lo hacía con sus clases, diciendo Ite, missa est, la fórmula latina para finalizar la misa en el rito romano de la iglesia católica.
La Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes rindió homenaje a Miguel Ángel Muñoz, uno de los docentes más queridos y respetados. Foto: gentileza.
Aunque desestimada en algunos ámbitos académicos, la fe católica era parte fundamental de la vida de Miguel; conocía el calendario litúrgico cristiano a la perfección, y estaba pendiente de la Cuaresma, el Adviento y cuanta festividad hubiere.
Ni hablar de cómo dominaba la hagiografía, o vida de santos, la iconografía de las órdenes religiosas y los numerosos episodios del Antiguo y Nuevo Testamento, tan frecuentes en toda la historia del arte occidental. Ser docente es entrar y salir de esta vida sin demasiado estrépito, pero a no dudarlo, es dejar huella y definir vocaciones.
