jueves, abril 9, 2026
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El lado B de emigrar

  • Según un informe de la UBA y la Asociación Conciencia, al 32% de los jóvenes de entre 16 y 19 años les gustaría mudarse al exterior.
  • Testimonios de personas que intentaron una vida en otros países pero se arrepintieron o tuvieron que cambiar de planes.
  • Un especialista advierte que la gente se va con muchas expectativas pero poca información.

Una encuesta reveló que el 32% de los jóvenes argentinos se iría a vivir a otro país. Pero, ¿qué pasa una vez afuera? Emigrar trae aparejadas dificultades: desde soledad y problemas de salud mental hasta barreras culturales, laborales y burocráticas que ponen en jaque ese proyecto.

El informe se tituló «Jóvenes: valores, política y democracia«, fue desarrollado en conjunto entre Pulsar UBA (uno de los observatorios que integra Igedeco, el instituto de la Facultad de Ciencias Económicas) y la Asociación Conciencia, y buscaba indagar sobre qué piensan y esperan los jóvenes de entre 16 y 19 años de su futuro.

Y es que no es una novedad que los jóvenes a menudo quieran viajar para conocer o fantasear con la posibilidad de trasladarse a algún lado para experimentar. Pero… ¿es emigrar tan simple como armar la valija e irse?

Maximiliano González (32) tiene una respuesta. Viajó un 28 de octubre de 2024 a Italia con intenciones de obtener la ciudadanía y con más ilusiones que certezas. No tenía parientes que hubieran hecho ese viaje ni tampoco idea sobre cómo hacerlo, salvo la experiencia de una conocida.

Inicialmente, se radicó en aquel pueblito de 800 habitantes donde “el idioma era muy cerrado”. Ahí, la preparación de la carpeta de ciudadanía fue un desafío porque las apostillas preparadas en Valladolid (España) no fueron aceptadas en aquella comuna. El costo: aseveraciones adicionales por 800 euros y un mes más de espera. “Tuvimos que desembolsar parte de nuestros ahorros”, relató. Entonces, vivía con su sobrino Kevin.Maximiliano González vivió en distintas partes de Italia hasta que decidió volver.Maximiliano González vivió en distintas partes de Italia hasta que decidió volver.

Después se mudó a Palermo, Italia, donde estuvo dos meses trabajando como técnico de garantía en Samsung. Destaca como contrapunto los “sueldos muy bajos del sur” y la soledad, que se volvió una constante cuando Kevin se fue a Roma y él se quedó solo. “Fue lo más duro”, recuerda hoy.

En Alimena, Maxi y Kevin cocinaron y vendieron medialunas. “Para mí nunca fue un problema porque hago de todo”, dijo Maxi.

Luego le ofrecieron un puesto como técnico para trabajar en una empresa de agroturismo familiar en San Donà di Piave, cerca de Venecia. En el norte, “el idioma fue mucho más fácil y fluido” y sus patrones le proporcionaron alojamiento, una camioneta y un sueldo de 2.200 euros mensuales. “Yo hacía la conversión y era muchísimo más que en Argentina”, rescató.

Las videollamadas cada fin de semana fueron su ancla con Argentina durante los seis meses allí. Pero a pesar de estar conectado, la falta de interacción física se sentía igual. “Me preguntaba qué estarían haciendo mis amigos, mi familia subía fotos y pensaba… ‘¿qué es lo que me tiene acá?’, un día no encontré un porqué”.

Volvió el 16 de diciembre pasado de cara a las fiestas en Argentina, movilizado por un problema de salud que atravesaba su mamá. Duró un año y dos meses.

«Es mucho más difícil de lo que uno cree»

Matías Rodríguez (35) y su novia viajaron a Orvieto (Italia) en 2024, un pequeño pueblo ubicado entre Roma y Florencia. Como Maxi, se trasladaron a Europa con el objetivo de tramitar allí la ciudadanía Y tener una experiencia profesional.

“Tomamos la decisión sabiendo que íbamos a volver a Argentina en algún momento; lo que no sabíamos era si dentro de uno, dos o diez años…”, contó el ingeniero agrónomo oriundo de América, un pueblo de Buenos Aires. Ahí, tanto él como su pareja atravesaban un buen pasar económico. Sin embargo y aún con la certeza de que podían volver a esa vida, el paso por Italia nunca se sintió del todo cómodo.

Lo que más extrañó fue su rutina en Argentina. “No existe juntarse en la semana o que te inviten a un cumpleaños”, graficó. Para él, son etapas emocionales. Al principio “es todo maravilloso porque llegas con la adrenalina de algo nuevo”; luego “te das cuenta que es mucho más difícil de lo que uno cree”.Matías y Daniela volvieron antes de obtener la ciudadanía.Matías y Daniela volvieron antes de obtener la ciudadanía.

Matías se adaptó bien al trabajo en el campo; en cambio, le costó la parte afectiva fuera del país.

Después de un año, la vuelta se tornó inminente y no esperó los papeles. Decidieron regresar faltando dos meses para obtener la ciudadanía. “Parecía que íbamos a estar mucho más”, reflexionó sin arrepentimientos sobre la experiencia que define como “rara”.

Para Matías, “en las redes sociales se ve un mundo que no es”.

Historias como estas no son excepcionales. “La mayoría de la gente no está informada sobre qué pasa afuera, tiene expectativas por lo que transmiten los medios de comunicación o el conocimiento bastante vago de gente que se ha ido y le ha ido bien…”, opinó Roberto Salvador Aruj, Doctor en Sociología y Director del Instituto de Políticas Migratorias y Asilo (IPMA) de la Universidad Nacional Tres de Febrero.

El especialista relativizó el estudio disparador al considerar, mínimamente, dos elementos fundamentales: Uno, que la decisión migratoria se basa en procesos complejos; otro, el migrar como una vía de escape: “para evitar el derrumbe personal se opta por tratar de escapar de esa situación angustiante a la manera de un callejón sin salida”, dice en su libro Migraciones, disciplinamiento y control global, publicado en 2015.

Aruj estudió el tema exhaustivamente en el ’96 y entrevistó a 32.000 estudiantes egresados de la UBA. Pero esa definición es contemporánea para muchísimos argentinos.

«Tengo mucho miedo que me pase algo y no tener a mis papás”

Milagros Isaguirre (27) es una de ellas. De General Pico, La Pampa, viajó a Florida (Estados Unidos) en 2023, donde empezó a trabajar como encargada de un restaurante. Un día estaba atendiendo en pleno rush (la franja horaria más convocada y de mayor exigencia a nivel concentración), cuando se desbordó en un ataque de pánico y no pudo atender más.

Decidió regresar a Argentina motivada por la necesidad de estar cerca de sus padres y cuidar de su salud mental. “Necesito irme a Argentina, tengo mucho miedo que me pase algo y no tener a mis papás”, recuerda que le dijo a su jefa. A ese malestar se sumaba la dependencia emocional que tenía hacia un compañero que estaba en su país.Milagros Isaguirre vivió en EEUU pero volvió al país en busca de contención.Milagros Isaguirre vivió en EEUU pero volvió al país en busca de contención.

El mayor temor era el desconocimiento por el sistema de salud norteamericano. “Estados Unidos es difícil de surfear en estas cuestiones: la salud es carísima, la accesibilidad no es tan fácil como se piensa, hay muchos estímulos y la sociedad no para”.

Con el tiempo y ayuda psicológica pudo poner en palabras esas emociones nuevas que la angustiaban e identificar que atravesó una depresión estando fuera de su país, y que esa vuelta fue independiente del amor que pudiera sentir por alguien: necesitaba de una contención que en Estados Unidos no tenía.

El trabajo «Jóvenes: valores, política y democracia» también marca que a 4 de cada 10 jóvenes les gustaría seguir viviendo en Argentina. Facundo Cruz, Coordinador de Pulsar UBA, explicó a Clarín que “no hay una conexión entre el deseo de emigrar y una evaluación negativa de lo que les puede pasar a los jóvenes en términos de su desarrollo personal, el desarrollo económico de sus familias y su propia vida”.

En ese sentido, agregó que “no estaría ligado a la falta de futuro en Argentina, sino más bien a la búsqueda de experiencias personales”.

Perjudicados por la ley

Fausto y Vera se mudaron a un pueblito llamado Tornareccio (Italia), donde los esperaban unos parientes italianos.

Las trabas burocráticas o “de papeles” tampoco son la excepción.

Fausto Soma Sprandini (32) y su novia viajaron a Italia en 2025 para hacer la ciudadanía italiana con las carpetas ya completadas. A diferencia de Maxi -que llegó a tramitarla- ellos se vieron perjudicados por el decreto que emitió Giorgia Meloni pocos días antes de su arribo, pues limitaba el derecho a hijos y nietos de italianos (más adelante, ese decreto se convirtió en Ley).Fausto y Vera se mudaron de Argentina a Italia y de allí a Hungría.Fausto y Vera se mudaron de Argentina a Italia y de allí a Hungría.

Sus planes se fueron a pique apenas llegaron. “Si viajábamos una semana antes éramos italianos”, graficó Fausto a Clarín.

En su caso, la “etapa emocional” fue al revés: la primera emoción que apareció fue angustia. Convivieron con el estrés por saber que su visa de turistas vencía, que el gobierno español no respondía positivamente a su soggiorno (permanencia) y que no conseguían trabajo en España por su situación irregular.

Vivían entre casas de familiares sintiéndose incómodos con la situación de ocupar ese espacio y con la angustia por la sorpresa.

De Italia se mudaron a Hungría con una visa Working Holiday, el destino más económico que encontraron, limitados por su edad. Obtenerla tampoco fue fácil; debieron tramitarla desde Budapest.Fausto con su abuela en París.Fausto con su abuela en París.

Su primer trabajo fue como personal de seguridad en un supermercado. “Duré un solo día porque estuve más de 12 horas parado y no me dejaban sentarme”, recordó. Durante casi un año, fue rotando de trabajo prácticamente todos los meses, en una búsqueda constante por encontrar estabilidad. Cocinó, fue albañil, limpió departamentos turísticos y manejó aplanadoras.

Una de las mayores dificultades para Fausto es el idioma. Y es que el húngaro es famoso por ser uno de los idiomas más difíciles de aprender. “Tampoco sabía inglés, estaba muy frustrado por la situación vivida en Italia y tuve que hacer terapia para superarlo”, cuenta sobre la inesperada barrera del idioma que al día de hoy sigue afectando su inserción laboral en el país europeo.

“Ambos estábamos muy interesados en vivir en Italia pero nos sentimos echados y denigrados por el país”, expresó. Hoy sigue esperando con cierta cautela que el tema de la ciudadanía mejore, pero reconoce que “Europa del este es otra cosa, es más difícil sentirse cómodo acá que en Italia”.

Otros testimonios resaltaron aspectos positivos y coincidieron en que “es muy personal” y depende mucho de la actitud de uno y de las personas que lo rodean. Por el contrario, cuando marcaban dificultades “inmóviles”, generalmente estaban asociadas a las características del país receptor: clima hostil, dificultades en la integración social o con el idioma, diferencias en la costumbres, economía, entre otras.

Y es que emigrar no es solo cambiar de país. Es enfrentarse a una experiencia que pone en juego expectativas, vínculos y certezas. Es desarraigo y ruptura. “En general, a la gente que se va afuera no le va bien porque se encuentra con un conjunto de situaciones distintas a las construidas por su imaginario”, señaló Aruj. Y, en muchos casos, a los problemas que se arrastran desde el origen se suman otros nuevos en el lugar de destino.

Maestría Clarín – Universidad de San Andrés

Fuente: https://www.clarin.com/sociedad/lado-b-emigrar-historias-argentinos-vivir-afuera-esperaban_0_S0vvKaf63F.html

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