“La Virgen de la Tosquera”: terror sobrenatural
- El 15 de enero, llega al cine el film de Laura Casabé, adaptación de dos cuentos de Mariana Enriquez.
- Adolescencia y adultez se entrelazan para mostrar una realidad donde lo extraordinario se vuelve moneda corriente.
La temperatura sube, los cuerpos sudan, los ánimos se tensan, la cabeza pierde su capacidad de pensar con claridad y, esto es la Argentina de la crisis post 2001, se acumulan los cortes de luz que lo complican todo. Mientras tanto, los vecinos de una cuadra del oeste del conurbano bonaerense caen bajo una extraña maldición luego de expulsar con violencia a un mendigo que anda con un carrito que se queda en la calle como objeto maldito que arrastra su abismo hacia el entorno. Y, en este contexto perturbador, unas adolescentes –Natalia, la protagonista, junto a sus amigas Mariela y Josefina– que acaban de terminar la secundaria y que ven llegar la adultez como el espanto más próximo, quieren resguardar su territorio emocional de una extraña –Silvia, mayor que ellas y con más experiencia– que desea quedarse con lo que ellas consideran propio (las tres están enamoradas de Diego, pero Diego ahora prefiere a Silvia, lo que detona la llegada del dolor y la venganza).
Definitivamente, esto es el verano del odio, y el terror (desde lo fantástico, pero también en su vertiente más concreta y lacerante: la vida en el planeta tierra es un infierno) no tarda en hacer su aparición y llevar los cuerpos y la psiquis al límite de sus capacidades. Ese es el clima imperante: el sol ardiendo y la desesperación in crescendo hacen que la mecha se vuelva muy corta. Así se plantea desde un comienzo el film La virgen de la tosquera, de la directora Laura Casabé, con guion de Benjamín Naishtat, basado en dos cuentos de Mariana Enriquez: “El carrito” y “La virgen de la tosquera” (en un comienzo también estaba “El aljibe”, pero fue descartado en la versión final), ambos en el libro Los peligros de fumar en la cama.
La cohesión de estas dos historias en ningún momento se siente como un ensamble articulado a presión, sino que se logró construir un universo estético específico, un mundo, y una trinchera, es decir: la película hace su recorrido situado en el post 2001, pero logra mirar este presente post pandémico sin ninguna piedad (un país que nunca logra salir de las crisis). En esta conquista, es una obra muy decidida, orgánica y con gran personalidad, la película establece su primera muestra de solidez y unidad coherente.
La virgen de la tosquera muestra una serie de descomposiciones que se van superponiendo y que ninguno de los personajes sabe bien cómo sobrellevar ni mucho menos enfrentar. Se terminan las familias, se termina la amistad, se termina la adolescencia, se termina el amor, se termina la virginidad, se termina la energía eléctrica, se termina un siglo, se termina un país, entre otras cosas. Y en ese cúmulo de muertes, porque son eso al fin y al cabo, la mirada de la directora siempre está atenta a nivelar lo dramático del tránsito de la adolescencia a la adultez con la fibra terrorífica, de género puro y duro, que siempre está latente, acechante.
Film «La virgen de la tosquera».
Cuenta ahora Laura Casabé: “En la película hay parte de nuestra experiencia biográfica de la adolescencia nuestra que fue concretamente durante el 2001. Eso definió el armado de las historias: un poco de los cuentos y un poco de nuestra experiencia generacional”.
Esta es una película donde las generaciones interactúan de forma muy conflictiva: Natalia vive con una abuela gualichera que lleva a vivir a un niño que queda a la deriva; las tres protagonistas adolescentes aun vírgenes tienen que medirse contra una mujer que aporta el universo del rock, reviente y la sexualidad desprejuiciada; la juventud encuentra en el incipiente submundo de internet una nueva forma de conectarse mientras que los adultos aparecen tan perdidos ante el advenimiento de las nuevas tecnologías en un país que no termina de arrancar entrando en el nuevo siglo. Es ahí donde lo sobrenatural y el terror funcionan como puntos de fuga ante una presión enorme a la que se ven llevados los personajes.
En este aspecto, la precariedad económica de un país en pleno derrumbe en donde la tosquera es un símbolo de eso, y que es el escenario de fondo ineludible de la película, se retrata como una tensión más que lleva las cosas a un nivel definitivo para el devenir de la suerte de los personajes. De este modo, todos los involucrados en esta historia están entregados a fuerzas que no pueden manejar. Quizás la única que lo logra es Natalia, la protagonista, interpretada por una excelente Dolores Oliverio, que logra conectarse con la maldad y la oscuridad y usarla, por supuesto, a su favor. Ella es la medida del terror que maneja la película: el enojo, el deseo y el resentimiento son fuerzas de la naturaleza que pueden poner en funcionamiento lo sobrenatural.
“Queríamos proponer ese horror del pasaje a la adultez. Y, aparte, habitando ese momento particular de la Argentina de la crisis donde estábamos como sueltos. Y además nos planteamos hacer un anti-coming of age: nadie aprende nada y toda falla. Es muy doloroso crecer, sobre en ese periodo del 2001 donde había una sensación de futuro cancelado”, explica la directora.
La directora Laura Casabé. Prensa
Los mayores momentos de terror en la película se dan en una zona diurna. Ese elemento logra darle a esta historia un componente de apertura inesperado que se ve en los escenarios en los que se desarrolla: la tosquera es clave en ese aspecto. Y además ofrece una lectura posible sobre la vida comunitaria: lo peor y lo inimaginable ocurre a la vista de todo el mundo. Esta violencia atraviesa la película. No solo porque todo es lucha y confrontación, sino porque se relaciona con la idea de que el empoderamiento de las mujeres solo puede darse por afuera de lo discursivo y en plena acción (uno de los temas de la literatura de Mariana Enriquez: mujeres devolviendo con furia la violencia que reciben). Las protagonistas de La virgen de la tosquera, “toman el toro por las astas”, en palabras de su directora. Y amplía con lo siguiente: “Es como si fuera un gran grito catártico lo que pasa en estas protagonistas adolescente. Y eso no es correcto. Eso me interesaba porque estoy cansada de que se nos imponga que las mujeres siempre tengamos que hacer las cosas bien.”
La escritora Mariana Enriquez, autora de los cuentos sobre los que se basó la película. Foto: EFE
Obra con un inteligente y astuto despliegue visual que contribuye a generar un agobio atmosférico paulatino pero persistente (referencias claras a Lucrecia Martel, Roman Polanski y David Lynch) y que arma un terror anclado en el cotidiano, La virgen de la tosquera se mueve en varios niveles de comprensión: refleja el gran momento del cine de terror en Argentina, amplía el espectro literario de una autora cada vez más consagrada como Mariana Enriquez, muestra la posibilidad de hacer un cine de calidad en una actualidad que no favorece en absoluto a los realizadores, y confirma que el horror fantástico es, de un tiempo a esta parte, la única herramienta para comprender los días del presente porque con el realismo ya no alcanza. Concluye la directora: “La realidad se puso muy extraña y el realismo ya no nos contiene demasiado. Y si bien hablamos de la crisis del 2001, creo que la película hoy dialoga más que nunca con esta realidad extraña que vivimos.”
