Laura Ramos acerca de su crónica Mi niñera de la KGB
- Un diálogo con Laura Ramos acerca de su crónica Mi niñera de la KGB.
- Mezcla de historia personal y racconto histórica del inverosímil personaje de África de Las Heras.
La biblioteca de Laura Ramos atesora un libro en particular: una edición para niños de La cuarta altura, la biografía de la mártir soviética Gulia Koroliova que heredó de África de Las Heras. El ejemplar del libro escrito por Elena Ilyina es un objeto tangible del pasado que reconstruye en Mi niñera de la KGB, un vibrante relato de la historia de María Luisa, el nombre con el que conoció a la espía durante su infancia en Montevideo.
La escritora y periodista Laura Ramos retratada por Alejandra López.
África de Las Heras (Ceuta, 1909 – Moscú, 1988) combatió en la Guerra Civil Española, participó en el complot que culminó con el asesinato de León Trotsky y fue una agente secreta hasta que en 1994 un ex jerarca de la KGB reveló su identidad. Sus apariencias siempre engañaron: se casó con el escritor Felisberto Hernández para obtener la ciudadanía uruguaya y establecer una base de espionaje en Montevideo, donde se presentaba como modista y hacía de niñera.
Mi niñera de la KGB es el resultado de una notable investigación que llevó a Laura Ramos a consultar archivos y hacer entrevistas en diversos países y también a revisar su historia familiar, ya que los pasos de la espía se cruzaron en Montevideo con los de sus padres, los intelectuales trotskistas Jorge Abelardo Ramos y Faby Carballo. Pero en principio Ramos rechazaba indagar en el pasado de sus padres: “Desde muy chica había intentado escapar del ideal que soñaban para mí”.
–¿Cómo superaste ese obstáculo inicial?
–Supongo que maduré, por un lado. Por otro, cuando viajé a Montevideo, todavía sin saber si iba a hacer el libro, encontré el factor sentimental, el lugar por donde transitar la historia cuando el hijo del espía asesinado presuntamente por María Luisa me abrazó y me dijo “ella me dio la vida”. A la vez me encontré con mi Montevideo, porque pasé por el departamento donde vivimos con mi madre y mi hermano, el mismo donde también vivieron amigos uruguayos de mis padres y del círculo de María Luisa. En el momento en que pude romantizar los años 60 y nuestra infancia, ya estaba dentro del libro.
–¿Hasta qué edad viviste en Montevideo?
–Hasta los 12 años. Fue mi infancia feliz y en contraste llegar a Buenos Aires resultó espantoso. No tengo ningún vínculo amoroso con Buenos Aires, donde vivo como una extranjera. Por eso pude hacer Buenos Aires me mata y otros crónicas sobre una ciudad que siento ajena. Mi patria es el siglo XIX y Montevideo.
–La historia de María Luisa tiene aspectos diversos, algunos muy documentados y otros más abiertos a conjeturas y versiones contradictorias. ¿Cómo fue lidiar con esas fuentes?
–No fue muy distinto a lo que pasó cuando hice la biografía de las hermanas Brönte y de su hermano. Toda historia es un cúmulo de versiones. Cuando escribí Las señoritas, el libro sobre las maestras estadounidenses que trajo Sarmiento, sentí que estaba escribiendo la historia argentina de una manera sujeta a mi voluntad, porque yo elegía qué contar. Eso explotó con la historia de María Luisa, porque me encuentro con los hijos de los espías que ella reclutó en Montevideo, una historia que nadie conocía excepto el periodista uruguayo Fernando Barreiro. Los hermanos (José y Luis) Ramírez están peleados a muerte, María Luisa es la causa de esa pelea y cada uno dice algo distinto. Un hermano dice que ella fue la asesina del padre, el otro lo niega, para dar el ejemplo más crudo de las versiones contradictorias. Tuve la sensación fuertísima de que la historia es una decisión política del que la escribe. Como historiadora advenediza decidí que el lector tenga la mayor cantidad de versiones disponible, con la mayor ecuanimidad de mi parte. Hay muchos textos sobre María Luisa pero son todos de ficción, salvo uno del periodista español Javier Juárez sobre su actuación en la Guerra Civil española aunque no tiene el material que encontré. Mi niñera de la KGB es el único documento sobre la vida de María Luisa.
Los anteojos que usaba Leon Trotsky cuando fue asesinado. Foto: Shutterstock_
–Pero la ficción parece parte de su vida, desde el momento en que debe ocultarse y crear identidades falsas.
–Sí, en un momento me pregunto en el libro si ella no sería una mentirosa compulsiva. Pero supongo que fue atrapada por la pasión de la revolución, desde joven. Contaba que era hija de una gitana, o de un tío militar y una gitana; que inventara esas historias revela ya un deseo de escapar de la historia oficial, de su familia. A los 20 años se casa con un joven militar que reproduce el modelo de su familia, tienen un bebé que muere a los seis meses y se separa. Ella se va a Madrid, donde se encuentra con los gérmenes de la Guerra Civil y se termina de convertir en una revolucionaria; era muy valiente y la nombran jefa de las patrullas de control. Según otra historia que se cuenta participó de orgías con seis compañeros de patrulla. Cuando fui a Cuba para entrevistar a Elsa Methol, una amiga de mi madre muy cercana a María Luisa en su juventud, le conté esa anécdota y no la descartó ni consideró denigrante, porque ella profesaba ideas de liberación sexual. María Luisa era seductora, llena de brío, ¿por qué no iba a tener aventuras con sus compañeros?
–Otro contacto en Montevideo, Juan Fló, acusó el impacto por la revelación de María Luisa como espía y dijo que entonces “el pasado se había vuelto otro”. ¿Tuviste también un extrañamiento con tu historia familiar?
–Sí. Fló escribe una carta donde refleja lo que le pasó a un grupo de intelectuales que se creían tan cancheros, que tenían a María Luisa como una amiga mayor a la que trataban con cierta condescendencia porque supuestamente no le interesaba la política y se encerraba con los niños mientras ellos hablaban de las ideas que iban a transformar el mundo. Fló se debe haber sentido muy ingenuo, pero de la sorpresa pasó a la admiración, porque eran comunistas y no les dolía tanto, como a mi familia, que ella hubiera participado en el asesinato de Trotsky. Para nosotros fue una daga. Fló reflexiona sobre la modificación del pasado de un modo proustiano. En mi caso, los recuerdos de María Luisa fueron aplastados por los posteriores recuerdos que me transmitía mi hermano, dos años mayor, y por la información que recabé. Entonces, cuando quiero buscar en mi memoria a aquella María Luisa de mi infancia, no la encuentro.
–María Luisa Las Heras tuvo actos de heroísmo y también fue vinculada con crímenes, no sólo el de Trotsky. ¿Cómo observás esas situaciones, inconciliables a primera vista?
–La vida es así (se ríe). En los años 60 mi padre y Ernesto Laclau eran compañeros en el Partido Socialista de la Izquierda Nacional, en los años 60. Laclau se va después a Inglaterra y cuando se despiden mi viejo le pregunta si él justificaría Kronstadt, el fusilamiento de marineros anarquistas que ordenaron Lenin y Trotsky por rebelarse contra la revolución rusa. “Bajo determinadas circunstancias, sí”, le contesta Laclau. Entonces creo que a María Luisa hay que verla bajo determinadas circunstancias. Cuando supuestamente envenena a su marido italiano, habría dicho que “de otra manera hubiera sido mucho peor para él”. Lo que entendió Esther Dosil de Ramírez, quien cuenta esa versión, fue que se refería a una intervención de la KGB porque el marido se rebelaba contra la nueva línea de la URSS y apoyaba al Mariscal Tito. En cuanto a la otra muerte, el de un espía captado por la CIA, no debía ser un crimen desde su punto de vista.
Jorge Abelardo Ramos inspiró el pensamiento de la izquierda nacional.
–Los encubrimientos de María Luisa fueron también una versión hiperbólica de los encubrimientos familiares, según tu narración. ¿Hubo una reconciliación en este plano?
–Claro, por eso decía que maduré. Ellos también tenían sus mentiras, sus traiciones y sus principios éticos, por no decir morales, que después se fueron quebrando, cada uno con sus amantes y con los desgarros que nos producían las mudanzas entre Buenos Aires y Montevideo en pos de sus pulsiones amorosas. Mi padre se enamora de una jovencita y rompe el acuerdo de sinceridad que tenía con mi madre porque no se lo cuenta. Mi madre decide volver al lugar donde se había refugiado a los 18 y 19 años, cuando formó parte del grupo de Juan Carlos Onetti y conoció a María Luisa; vuelve a Montevideo conmigo y con mi hermano, y el viejo grupo la recibe. Mientras tanto en Buenos Aires mi padre hacía la revolución, sin comillas, como nos habían dicho, y nos visitaba una vez por mes, con valijas cargadas de libros de su editorial, Coyoacán. El trabajo de mi madre era distribuir esos libros, muy difíciles de vender.
–¿La patria es esa infancia?
–Obvio. El factor sentimental fue reencontrar mi infancia y reconciliarme sobre todo con mi madre y su ímpetu de mujer moderna. Cuando hablaban de mí decían “Laura va a ser una muchacha moderna”, y yo lo detestaba. Ella llegaba a la noche, en mi casa no se cocinaba y yo soñaba con una sopa de verduras, con ñoquis caseros y muñecas como tenían mis amigas, no de pelo corto y pantalones, como las mías. Ahora que di toda la vuelta, tengo tres hijos, traté de hacer las comidas caseras y tampoco me salieron muy bien. También soy un desastre en ese sentido y uso el pelo corto y me dejé las canas, como ella.
Mi niñera de la KGB Laura Ramos (Lumen) 256 págs.
Fuente: https://www.clarin.com/revista-n/laura-ramos-baby-sitter-ordenes-rusia_0_Ti1mSf2Kjx.html
